Renacer de las cenizas
Renacer de las cenizas
Caí sin fuerzas, sin fe, sin consuelo,
como un ave que pierde el vuelo,
como un río que olvida su cauce,
como un eco sin voz en el aire.
Las sombras cubrieron mis días,
el frío abrazó mis heridas,
y el mundo, sin pausa ni prisa,
parecía olvidar que existía.
Los sueños se hicieron ceniza,
las risas se tornaron llanto,
y el tiempo, ese juez implacable,
susurraba su cruel desencanto.
Pero en medio de aquella tormenta,
cuando todo parecía perdido,
una chispa, pequeña y callada,
despertó en mi pecho dormido.
Un susurro, un leve latido,
una llama que apenas ardía,
me recordó que aún en la sombra
la luz no se extingue del todo.
Me levanté con manos temblorosas,
con pasos torpes y alma herida,
pero el fuego, aunque fuera ceniza,
esperaba su hora divina.
El viento trajo ecos lejanos,
memorias de gloria y de lucha,
y en cada latido y suspiro
sentí que volvía a la vida.
Los muros que un día me ataron
se hicieron polvo bajo mis pasos,
y en el cielo, de nuevo infinito,
las estrellas guiaron mi rastro.
Aprendí que el dolor no es eterno,
que la noche da paso al alba,
y que incluso la herida más honda
se cierra si el alma la calma.
Hoy renazco de aquello que fui,
de mis ruinas y mis cicatrices,
y camino con paso seguro
porque el miedo ya no me dirige.
Soy ceniza, pero soy llama,
soy la sombra que abraza la luz,
y en mis alas de fuego y cenizas,
vuelo alto sin miedo a caer.
©️ Randy Montinard | Todos los derechos reservados.