Somos lo que logramos

Somos lo que logramos

Cada día nuestra historia se escribe, como un libro abierto frente a la eternidad. No somos únicamente aquello que soñamos ser, ni los deseos que guardamos en silencio dentro de nuestra mente o de nuestro corazón. Somos, sobre todo, lo que dejamos en el camino, lo que alcanzamos con nuestras manos, con nuestra voluntad y con nuestro coraje. Porque los deseos, aunque hermosos, pueden desvanecerse como humo si no van acompañados de acciones, mientras que los logros, aunque pequeños, permanecen como huellas firmes en la arena del tiempo.

Vivos, podemos mentirnos, disfrazar la realidad, posponer lo que sentimos, callar lo que necesitamos o incluso engañarnos creyendo que la vida es eterna. Podemos esperar, y en esa espera perder los instantes que nunca regresan. Pero una vez muertos, ya no habrá espacio para las ilusiones ni para los engaños. Solo quedará la verdad de lo que fuimos, la suma de nuestros actos, la esencia de lo que construimos, lo que dimos a los demás y lo que tuvimos el valor de realizar.

Por eso pienso que la vida no se mide en años ni en riquezas, sino en la huella que dejamos. No importa si esa huella es grande como una montaña o pequeña como una semilla, lo importante es que sea auténtica y real. A menudo creemos que el mañana nos pertenece, pero en realidad cada mañana que llega es un regalo, y cada noche que sobrevivimos es una victoria. Nada está garantizado y, sin embargo, seguimos creyendo que habrá tiempo después, que habrá otra oportunidad, que podremos empezar mañana.

Hoy me doy cuenta de que cada instante cuenta. Cada palabra que pronunciamos, cada gesto que ofrecemos, cada acción que realizamos forma parte de nuestra historia. Y esa historia, algún día, será leída por los que vengan después de nosotros. Seremos recordados no por lo que soñamos en secreto, sino por lo que dejamos en herencia: un abrazo, una enseñanza, un acto de valentía, una palabra de consuelo, un error corregido, un amor vivido sin miedo.

Quisiera, entonces, recordarme a mí mismo y recordarte a ti que leerás estas palabras: no esperemos más. Que no seamos de esos que viven creyendo que tienen todo el tiempo del mundo. Que no seamos de esos que mueren con los bolsillos llenos de sueños incumplidos. Tengamos el valor de ser quienes queremos ser, aquí y ahora. Porque la vida no espera, la vida se consume como una llama, y nosotros debemos decidir si esa llama se extingue en la oscuridad o ilumina a quienes nos rodean.

Al final, la pregunta no será cuánto soñamos, sino cuánto hicimos. No será qué deseábamos, sino qué logramos. No será qué imagen mostramos, sino qué verdad llevamos dentro. Y esa verdad será el único legado que permanecerá cuando ya no estemos.

Así que, mientras aún tenemos la fortuna de respirar, de equivocarnos, de levantarnos y de seguir adelante, vivamos con intensidad, con autenticidad y con coraje. Porque un día, cuando llegue el silencio definitivo, lo único que hablará por nosotros será lo que fuimos, no lo que quisimos ser.


©️ Randy Montinard | Todos los derechos reservados.

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