La generación que sabe tocar cuerpos, pero no corazones
La generación que sabe tocar cuerpos, pero no corazones Vivimos en una época donde muchas cosas perdieron su valor porque se hicieron demasiado rápidas. Hoy en día, conocer a alguien, hablarle bonito, compartir intimidad e incluso desaparecer al día siguiente se volvió algo normal. El sexo dejó de ser visto por muchos como una conexión profunda entre dos almas y pasó a convertirse, en demasiados casos, en una simple distracción momentánea, en una necesidad física o en una forma vacía de sentirse acompañado por unas horas. Y quizás ahí nace una de las tristezas más grandes de esta generación: mientras más fácil se volvió entregar el cuerpo, más difícil se volvió encontrar a alguien dispuesto a entregar el corazón. Antes las personas se enamoraban lentamente. Había conversaciones eternas, nervios al verse, cartas, detalles pequeños y ganas genuinas de conocer el alma de alguien. Hoy abundan las conexiones inmediatas, pero escasean los vínculos reales. Muchos saben desnudarse ...